domingo

GARUFA! RESIGNIFICANDO A LA CUMPARSITA EN EL SIGLO XXI


CIEN AÑOS DE PACIENCIA

Hugo Giovanetti Viola

Hace poco más de un año puntualizábamos, a propósito de la primera gira de este insólito ensemble tanguero llegado desde Viena, que su irrupción en el Uruguay generaba una especie de carambola de ida y vuelta capaz de exorcizar y carnavalizar el endémico spleen tontovideano presentándonos una síntesis de la inefabilidad de Mozart and Company con el precioso barro irreverente del barroco rioplatense.

Pero esta vez los uruguayos Oscar Moreira (vocalista de formación operística e inspiración performática callejera), Felipe Medina (contrabajista inserto ya hace años en el ámbito sinfónico de la capital mundial de la música), Nacho Giovanetti (guitarrista formado en la continuidad del filum que le aportaron Olga Pierri y Álvaro Pierri, más un perfeccionamiento en la guitarra grelera realizado con Ciro Pérez) y el venezolano Alejandro Loguercio (un violinista clásico de proliferante proyección internacional) llegaron al Solís cargando nada menos que la mochila de homenajear a La cumparsita ya en el final de un año literalmente saturado mucho más de barullo marketinero que de recreaciones o investigaciones enriquecedoras y esclarecedoras de un mito que, para variar, la culturosis de la uruguayez no ha sabido asediar con la gracia de profundidad que merece nuestro pueblo.

Claro que el tiempo siempre seguirá dando criollos provistos de una garra de raigambre artiguista que los hará enfrentarse al infamante remate de nuestro patrimonio identitario, y es inminente la aparición de un libro donde Ignacio Suárez desnuda la incomprendida y tragédica vida de Gerardo Matos Rodríguez, así como una docu-ficción (también protagonizada por el autor de Los boliches) que dirigió Álvaro Moure Clouzet y produjo elMontevideano Laboratorio de Artes.

Y el jueves 16 de noviembre Garufa! hipnotizó a un eufórico teatro Solís con una versión de La cumparsita que seguramente va a ser considerada, en poco tiempo, como la recreación exacta que necesitaba el tango más popular del mundo en el siglo XXI.

En primer lugar: salta a los oídos que este arreglo fue cuestión de vida o muerte para los garuferos que viven su bajón de extramuros al otro lado del océano. Vale decir: no hay cálculo de espectacularidad sino una acalambrante necesidad de trascender triunfalmente las caídas hondas de los Cristos del alma, para hablarlo en Vallejo.

En segundo lugar: al igual que para el adolescente Becho Matos Rodríguez (que berreó delirando el secreto áureo de su entretela para cosmizar su desesperación frente a la supuesta tisis que le rondaba el catre haciéndole olfatear el cajón) aquí no hay sed de éxito sino de salvación totalizadora, incanjeable, universal.

En tercer lugar: La cumparsita que nos trajo Garufa! es capaz de acumular revoltijos románticos dentro de una estructura de solidez barroca, alla Mendelssohn o Baudelaire o Cézanne, pero desde la impronta de un mestizaje americano que seguirá maravillando al planeta quién sabe por cuantos siglos.

Y estoy seguro de que el cacho de pueblo que salió del Solís con la desesperación bien peinadita sintió que los integrantes de este ensemble tan jugado necesitaron juntar una paciencia de 100 años de profundidad para largarse a regalarnos tamaña preciosura.

CHRISTINA ROSENVINGE “SOY UNA TRABAJADORA DEL VERSO”


por Zezé Fasshmor
Christina Rosenvinge es la figura rubia y española, aunque por el apellido no lo aparente, que viene dando que hablar desde fines de los ’80 en su país. En estos lares latinoamericanos, aunque un poco menos en Argentina, marcó la diferencia como mujer del rock en los ’90. A principios de los 2000 cambia de país y de idioma al cantar; apadrinada por Sonic Youth se establece en la escena alternativa neoyorquina. Luego de esa experiencia, y de una trilogía norteamericana, vuelve a su patria y al español en sus letras. Un disco en conjunto con Nacho VegasVerano Fatal (2007), y una nueva trilogía en la que despliega sus sentimientos, hicieron que fuese vista como artista de culto. Después de siete años vuelve a Buenos Aires, como parte de una revancha personal con el público porteño y nos presentará el viernes 27/10 en la Sala Caras y Caretas de San Telmo un recorrido por su carrera. Pero sobre todo nos compartirá canciones de Lo Nuestro (2015), disco que ella misma etiqueta como “Romanticismo Industrial”, y parte de su próximo trabajo. Esta entrevista, que es más que todo una charla íntima, nos hará entrar en calor para este fin de semana.

Hola Christina, ¿cómo estás?

Hola, ¿qué tal? Bien. Pues me pillas ahora mismo subiendo las escaleras, pero enseguida llego a casa y tranquilamente podemos empezar a hablar (Risas).

¿Querés que te llame después? Así charlamos con calma.

No, no. Pero si me escuchas que me cuesta hablar es porque estoy subiendo un quinto piso (Risas).

Oh, vaya. ¿Te gusta hacer ejercicio?

No me queda más remedio en este caso, está roto el ascensor.

Uy… Pero sé que eres muy deportista, incluso sé que apoyas el activismo ciclista.

Sí, es cierto. Bueno, no queda más remedio. De hecho, que es algo muy necesario, ¿sabés? Si no cuidás del cuerpo, el cuerpo no te cuida tampoco. Y es fundamental darle lo que necesita. No es por gusto, sino por necesidad.

Supongo que eso te mantiene de una apariencia joven, vital. A pesar de una carrera de más de 30, casi 40 años.

Ujum. Bueno, llevo… no, 40 no. No tanto…

Casi…

Casi, sí. La primera vez que me subí a un escenario yo creo que fue en el año 1980. Pero porque era una jovencita muy precoz, pues no había cumplido ni los 15 todavía.

En ese momento comenzaste en “Ella y Los Neumáticos”.

Sí, efectivamente. Empecé con ellos en una época en la que Madrid era realmente muy fructífera, había un movimiento musical emergente muy potente. Y tuve la suerte de caer en esto porque mi hermana mayor andaba siempre con músicos. Entonces empecé a acompañarlos a conciertos, y tuve la oportunidad de ver muchos conciertos míticos cuando yo era muy joven. Me marcó muchísimo e inmediatamente decidí que era eso lo que yo tenía que hacer.

Luego hiciste un dúo pop a lado de Alex De La Nuez.

Sí. Después de una época de vivir en el underground, por decirlo así, vino otra época en la que las compañías discográficas comenzaron a firmar todo lo que había. Y pues muchos grupos, mucha gente, que estábamos metidos con mucho entusiasmo, nos vimos envueltos en esta dinámica de compañía discográfica grande. En la que habían políticas en las que estábamos de acuerdo y otras en las que no. Entonces ahí hubo una colisión, digamos. Que no solo me paso a mí, que después de dos discos con Alex, salí muy escaldada de la experiencia y decidí montar mi propio proyecto. Y ya a partir de ahí, tener mucho más cuidado con las cosas con que me comprometía hacer.

Y viraste al rock con Christina & Los Subterraneos. Con el tiempo, aclaraste que siempre fue un proyecto que partía de vos al usar tu nombre completo.

Exacto. Yo ya escribía las canciones. En Alex & Christina yo escribía letras y alguna canción. Pero, realmente el arreglista y el productor era Alex, yo llevaba la parte de las letras. Luego, sin embargo, yo empecé a escribir la música y hacerme cargo de todo.

En Latinoamérica marcaste una tendencia importante como mujer en el rock a comienzos de los ’90, sobre todo en países como México, Colombia, Chile y Perú. Pero en Argentina no sucedió lo mismo.

Cierto, cierto. Argentina se me resistió en ese momento (Risas). Pero bueno, todo eso tiene que ver muchas veces por políticas de las discográficas que deciden qué se saca y en dónde. En realidad, yo siempre he tenido mucho interés en tocar ahí, porque tenía muchos lazos personales con Argentina. Pero no llegó a fructificar. Entonces cuando he ido ha sido por un empeño personal, no porque hubiese un sello, compañía o festival. Así que sigo poniéndole el mismo empeño.

La última vez que tocaste en Buenos Aires fue el 8 de abril de 2010 en el Samsung Studio. Viniste acompañada en la batería por Steve Shelley de Sonic Youth, quienes tuvieron que ver mucho en tu siguiente etapa a finales de los ’90, ya comienzo de los ’00. Así que sigamos recorriendo tu carrera para que la gente de por aquí te conozca un poco más. Luego de Los Subterráneos, ya afianzada bajo nombre propio, te mudaste a Nueva York.

Sí, efectivamente. Me fui a vivir a Nueva York durante cuatro años y medio, casi cinco. Y allí había entrado en contacto con la escena alternativa, que estaba viviendo un momento maravilloso, y que era música que tenía grandísima influencia. Conocí a Lee Ranaldo en un festival literario en Holanda, y ahí nos hicimos amigos. Entonces en una visita a Nueva York comencé a conocer a gente de su banda e iba a todos los conciertos en el Downton. Y poco a poco empecé a formar parte de esa escena, es que me invitaban a tocar con ellos. Y hubo un momento en que decidí quedarme a vivir, pensé que iban a hacer pocos meses pero se convirtieron en casi cinco años.

Casi 5 años que dieron fruto a tu llamada Trilogía Estadounidense. Bueno, después de la experiencia neoyorquina, decidiste volver a tus raíces. Aunque decir raíces es una forma de decirlo, porque sos mitad danesa mitad inglesa nacida en España.

Mis raíces realmente son nor-europeas: Tengo un 75 % de sangre escandinava y un 25 % de sangre inglesa. Y sin embargo mi idioma… Mi idioma emocional y lecturas es el español, así que soy una perfecta mestiza como casi todo el mundo en este continente (Risas). En España soy más rara, pero sé que en países como Argentina no es nada extraño encontrar gente con mi misma historia.

Es algo atípico por allí y aquí muy común. Entonces volviste a España, dejaste de lado el inglés, y a usar tu idioma emocional. Y no hay duda que eso fue lo que desplegaste en tu llamada Trilogía de La Mujer. Aunque en el disco que cierra, Lo Nuestro (2015), siento que hay temas cercanos a una perspectiva del hombre.

De hecho en Lo Nuestro ya habían muchas canciones que hablaban desde un yo más amplio y sin género. Sobre todo muy influenciada por el momento que se vivía en España, porque escribí esas canciones a lo largo del 2011-2012 en plena crisis y también en pleno estallido social del 15M. Aquí fue un apocalipsis, o digamos como la erupción de un volcán. De hecho algo muy necesario, muy refrescante, que ha traído cambios muy positivos y también un cuestionamiento moral de todo lo que se estaba haciendo de parte de las instituciones que me ha parecido muy saludable. Lo Nuestro tiene canciones como “La Tejedora” que directamente habla del rol femenino en la maternidad, de la entrega que parece que es inevitable en el papel de madre. Usando la analogía de una obra de Louise Bourgeois, es esa araña gigante. La entrega a veces es una renuncia demasiado grande. Y otras canciones hablaban de la crisis política que estábamos viviendo. El disco que he hecho ahora es un poco consecuencia, un poco. Ya he estado adelantada en alguna canción con el tema del género y estoy escribiendo desde un yo masculino. Tendrá entonces nueve canciones desde esa perspectiva.

Supe que “La Tejedora” surgió en Huacho (Perú). ¿Qué fue lo que te hizo nacer aquella canción en ese lugar?

Cierto, cierto. Mirá, las canciones nacen normalmente de cruces e influencias muy dispares. Y a mí me gusta mucho forzar esa disparidad porque así es como encuentro la originalidad. Es decir, no podés inventar cosas nuevas pero sí podés mezclar las cosas de una forma insólita. Cuando sos turista, no inventas nada. Entonces como yo tengo alma mestiza, aplico eso a la música. “La Tejedora” es una canción rock muy oscura y con sonido más bien industrial, sin embargo la parte vocal está muy influenciada por la música folklórica. Había visto en ese momento unas danzas indígenas que me interesaban muchísimo porque las mujeres daban unos gritos extraños que no se sabía si eran de alegría o de amenaza. Entonces los grabé, y luego cuando estaba en el estudio para grabar esta canción, estaba intentando inventar mi propio grito de guerra que significara eso, alegría y al mismo tiempo imponer respeto. De furia, que tuviera todas las emociones en uno. Y probé con muchos distintos, intentando buscar algo como lo que había escuchado esa noche en un espectáculo folklórico.

En Perú hay mucho folklore que resalta el lado matriarcal en sus costumbres, a pesar del machismo. Pero sé que muchas mujeres se hacen respetar, al menos en algunos lugares en el interior. Justamente hablando de guerra, usas estos gritos en una canción tan femenina como “La Tejedora”, y en cambio en una canción de protesta, como lo es “Alguien tendrá la culpa”, usas coros de niños.

Hay mucha ironía en eso. Es porque yo tengo hijos pequeños y me parece que la gran traición de la supuesta década de bonanza económica que se está viviendo en España, y que parecía que había de todo para todo el mundo, en realidad era una burbuja que se pinchó. Y me parece que hubo un juego de parte de los poderes económicos con el futuro de la gente. Directamente, familias enteras se endeudaron. Nunca nos hemos vuelto a recuperar, aunque se venda que sí. Y lo que ha comprometido todo eso es el futuro de nuestros hijos. Es la primera vez que España va a ver una generación que va a vivir peor que la anterior. Bastante peor. Entonces en esa canción hay coros acusatorios de niños. Aparentemente ingenuos, pero en realidad están acusando.

Pensando en lo que se vive hoy en Cataluña, sé que te sentís más ligada e identificada con Barcelona que con Madrid. ¿Cuál es tu visión sobre la crisis catalana?

Sé que es una situación muy compleja para entender desde afuera. Desde aquí adentro también es difícil. Realmente no se puede simplificar el problema de la crisis catalana en cuatro palabras. Lo que sí te puedo decir, es que los políticos de un lado y otro han fallado a la hora de hacer política, a la hora de arreglar todo esto con un diálogo que tenía que venir desde hace muchos años, en lugar de que esto se enquistara al llegar a un enfrentamiento. A mí me parece que la crisis catalana es un fracaso de la política. Y un problema creado por ellos, sin cura. Creo que han fallado en su función.

En el 2011 sacaste una caja recopilatoria de tu carrera, Un caso sin resolver, que sin dudas que lo sentí así porque me pareció algo apresurado. Pero sé que lo hiciste medio obligada, medio a gusto para que la discográfica no lo manejara a su antojo. Ahí incluiste una canción en catalán, “El Sud”. Me pareció maravilloso oírte cantarla, ¿harás nuevas canciones en ese idioma?

Evidentemente sería el momento de hacerlo. No sé, no te quito la menor duda (risas). En ese momento lo hice, de la misma manera orgánica que todo ocurre, estaba tocando con músicos catalanes. Y Refree tenía esta canción. Yo quería hacer una canción suya y entonces elegí esta. A él le sorprendió muchísimo que eligiera una en catalán. Y dije: Llevo toda la vida cantando en francés, italiano e inglés. ¿Por qué no voy a cantar en catalán? Lo hice y el resultado fue muy bonito. Es una canción preciosa que habla sobre tener una casa en el campo y relacionarse con la vida del poblado, de volver a una cierta pureza de espíritu. Eran cosas con las que me identificaba totalmente.

Raúl Fernández, Refree (Silvia Pérez Cruz), ¿seguirá trabajando contigo en este nuevo disco y etapa?

No. Después de Lo Nuestro, él se ha dedicado a otras cosas y yo también. Entonces en el disco nuevo, yo he tomado los mandos de la producción y lo he grabado con los músicos y el ingeniero de sonido del directo. Es un disco muy familiar, todos los días agarraba mi bicicleta, hacía seis kilómetros hasta el estudio. Grababa y volvía a tiempo a casa para hacer la cena. Ha sido una grabación muy bonita y familiar.

A pesar de ir al estudio, estás atenta a las nuevas tecnologías. El anterior lo maquetaste en la tablet…

Sí, lo sigo haciendo. Ahora mismo compongo en la computadora. Es raro que haga una canción acústica y se la enseñe a alguien, así normalmente. La grabo en la computadora y le meto 12, 14 pistas con arreglos y todo. Las nuevas tecnologías tienen su lado positivo y negativo. El positivo es que te permite avanzar en el proceso en solitario mucho más que antes. Eso es muy valioso a la hora de saber en qué canciones vas a trabajar y en cuáles no. No te lo podés imaginar, ya que podés directamente escuchar cómo sonaría un arreglo de cuerdas en una canción. Y eso es algo muy útil. También cambia la forma en la que se trabaja. Por ponerte un ejemplo, yo antes trabajaba sin plaqueta. Es decir, no estaba pendiente de seguir el tempo rígidamente, lo cual me lleva a un punto de composición más libre. Ahora, sin embargo, trabajar con todo bajo plaqueta y programación me ha supuesto una limitación y al mismo tiempo me ha llevado a descubrir otras cosas que antes no usaba. Es decir, perdés y ganás algo.

Eso te permite experimentar en el sonido del rock, al cual volviste en esta nueva etapa. Ya sacaste una trilogía estadounidense, una de la mujer. Con el próximo disco, ¿comenzás otra?

Es que nunca sé si van a ser trilogías hasta que termino el tercero (Risas). No sé cuánto me va a durar el tema. Empiezo con algo y luego voy viendo hasta donde llego. Es complicado.

Te mencioné que en tu última visita viniste con Steve Shelley, también con Alberto Rodrigo y Charlie Bautista. Y me contás que los músicos con los que grabaste el disco que está por salir, son los que te acompañan en vivo. ¿Quiénes son ellos?

Durante mucho tiempo grababa con músicos estadounidenses, a pesar de que lo hacía en español pero era porque tenía mucha confianza con mi banda neoyorquina. Luego trabajé con Refree y ahí entré a trabajar con músicos catalanes. Ahora mismo estoy metida de lleno en La Comunidad de Madrid, y son músicos que viven aquí. Por ejemplo está Emilio Saiz…

¿El hijo de Suso?

Sí, exacto. Es el hijo de Suso, él va a tocar la guitarra. En ese sentido es bonito porque he trabajado con su padre y ahora trabajo con él. Lo bonito de ser intergeneracional es que te relacionas con los dos. David T. Ginzo y Juan Diego Gosálvez en la batería.

Recuerdo al último de la banda de Russian Red. Tal como Charlie Bautista, que también vino por acá acompañando a Tulsa.

Sí, han hecho cosas muy dispares. Desde Russian Red a Tokyo Sex Destruction. Son músicos muy capaces, que tienen en torno a 30 años, y que me han llevado también a este nuevo sonido que tengo ahora. Que es un sonido más contundente, más sólido y mucho más denso del que tenía en la última visita a Buenos Aires. Las canciones ahora tienen una nueva sonoridad. Y es que todos ellos trabajan con programación, entonces están acostumbrados a trabajar con una cosa o con la otra. Eso es un arma creativa más.

Con ellos grabaste las 9 canciones que conforman tu próximo disco. ¿Se podrá saber cómo se llama o aún estás pensando el título?

El título ya lo tengo desde hace meses, y dentro de poco vamos a develar la primera canción. Pero en esta visita he tenido demasiadas dudas sobre que llevarles. Porque tampoco quería presentarles lo más nuevo sin que conocieran Lo Nuestro, que para mí es un disco importantísimo. Entonces he llegado a la conclusión de hacer casi mi último concierto de la gira y luego volver en cuatro meses para presentar las nuevas canciones (Risas). Lo que realmente me gustaría es tener una relación más estrecha con Argentina.

Un periodista compatriota mío te hizo una pregunta acerca de que si te mudarías de nuevo a otro país para comenzar tu carrera, como hiciste al establecerte en Estados Unidos. Aunque te preguntó si lo harías en China… ¿No te interesa mudarte a Buenos Aires justamente para tener mayor relación con los músicos de acá?

A mí me interesa muchísimo hacer intercambio con los músicos de allá. Sobre todo porque creo que hay una nueva generación de la cual siempre oigo cosas muy interesantes cuando estoy por allá. Creo que hay una integración, que en eso le llevan la ventaja a España. Porque España de alguna manera ha vivido de espaldas. Los años ’80 fue una especie de muro, y todo lo que estaba al otro lado la nueva generación lo despreció. La movida despreciaba absolutamente todo lo anterior, luego lo indie despreciaba lo anterior. Y creo que eso me parece poco sabio. Hay que ir integrando, tanto el folklore, como todo lo que ya se ha hecho y que vale la pena. Integrarlo en las nuevas visiones, en eso sí creo que Latinoamérica lleva la ventaja. Oigo ideas y sonidos muy vanguardistas cuando estoy allí.

¿Qué artistas de estos lares andan dando vueltas en tus oídos?

De Argentina a mí siempre me ha gustado Juana Molina. Siempre me ha interesado muchísimo lo que hace. Y de Chile, Camila Moreno también me interesa un montón.

Ya que mencionás Chile, recuerdo que dijiste que como artista te sentías más cercana a Violeta Parra que a Madonna o Shakira, dado a que las discográficas quisieron virar tu carrera a ese lado tan comercial. Pero siento que sí, que tus letras tienen ese grado de poesía propio de la primera…

Sí, cierto.

Te cuento que hace poco estuve en un camping de poesía en el que invitaron a tres cantautores argentinos a debatir acerca de las canciones y sus letras. Por cierto, te los recomiendo…

Esperame que anoto.

Eran Adrián PaolettiPaula Trama y Violeta Castillo. Hicieron un intercambio de cómo surgía para ellos la composición de las canciones, si primero era la letra o la melodía, los métodos que usaban. Yo me imagino que a vos primero te surge la letra y luego la melodía. ¿Cómo es ese proceso?

En absoluto. Ahora mismo estoy escribiendo sobre eso para algo. De hecho es un estudio un poco serio sobre este tema. Y no, yo suelo empezar por la música. ¿Sabés por qué? Porque si empezás por la letra te vas a métricas poéticas, que muchas veces no se pueden aplicar a la música. Porque la métrica de la música responde a una lógica de la música, que es muy distinta a la lógica de la poesía. Entonces, aunque es mucho más complicado, me parece que vale la pena comenzar por la música y luego comenzar a hacer la letra. De vez en cuando escribo líneas que luego meto, pero siempre acabo haciéndolo en este sentido. O sea, aunque comience la canción con dos frases que tengo escritas y busco la melodía para eso, para el resto de la canción busco la música y luego encajo la letra. Porque encuentro que si no te vas a melodías muy monótonas, que hacen ping-pong entre dos notas, que metés demasiadas palabras, que metés demasiados adjetivos. Creo que lleva a un tipo de escritura que no se puede aplicar tan bien al pop. Sí que se puede aplicar a la música tradicional, al folklore, pero no tan bien al pop. En esa mesa que escuchaste, qué decían ellos?

Cada uno decía una forma distinta de hacer las cosas. Primero se les aparecía la melodía, luego se acercaban a la letra. O hacían la letra/poesía, y de acuerdo a la emoción que esta generaba surgía la melodía. Citándote un poco, dijiste alguna vez que Leonard Cohen y Bob Dylan habían creado el género de la poesía cantada, yo también considero que estás dentro. ¿Cómo lo sentís vos?

Pues muchas gracias, es todo un honor lo que estás diciendo. Para mí, los anglosajones hacen música pop muy buena. La base que tenemos los hispanos es una lengua muy potente y con una herencia literaria brutal. Si juntamos todos los países, la altura de las cosas a la que se llega en la poesía es maravillosa y creo que la posibilidad de escribir en español es un regalo en realidad, aunque cueste a veces adaptarlo a la métrica musical. Las letras para mí son importantísimas, y son nuestra basa. Les dedico demasiado tiempo. Te diría que a la composición le puedo dar un par de tardes y a la letra le puedo dar un par de semanas, cuando no un par de meses (Risas). Es decir, mucho más trabajo, porque es fundamental. Y es que gracias a la letra es que uno tiene la posibilidad de pasar el océano, de ir a tocar a otro lado. Porque están entendiendo lo que escribís y compartiendo una emoción que es universal. Si no cuidás las letras, y decís cualquier cosa que se te ocurre, no se produce esa magia.

Se sienten, tanto hombres como mujeres, identificados con tus letras. Va mucho más allá del género. Sé que tenés una posición ante el feminismo, que no te gusta entrar en acusaciones. Es complejo tratar de que entiendan eso, ¿no?

Absolutamente, pero hay toda una visión del feminismo que es así… Hay todo un sector del feminismo que considera que los hombres también son víctimas de una sociedad patriarcal donde tienen que cumplir funciones de proveedores y luchadores, con la que no todos se sienten identificados, y que también en ellos resultan forzadas. Realmente, el pensamiento feminista, aunque se llame así porque se trata de empujar a las mujeres a conquistar terreno, en realidad también es una forma de pensar que libera a los hombres. Es decir, el pensamiento feminista lo que dice es que el sexo con el que naces no tiene que determinar tu futuro. Lo que tiene que determinar tu futuro son tus preferencias, tus dotes, tus talentos, pero no el sexo con el que naces.

Hablando del pensamiento masculino, cómo llegaste al concepto de Un hombre rubio?

Este disco ha nacido de todo un posicionamiento, yo tengo dos hijos varones, y todo nació porque escribí una canción que es un homenaje a mi padre que murió hace 26 años. Intenté realmente meterme en su forma de pensar y entenderle. Entender porqué había sido un hombre tan duro y por qué había sufrido tanto. Había sido un mal padre, no te voy a engañar. Pero ya ha pasado tanto tiempo, y mi resentimiento como hija digamos que está más que olvidado. Pero yo quería verle como hombre, indagar en lo que tenía adentro. Y por eso empecé a escribir en masculino. Todo eso me ha llevado a un juego muy entretenido. Hay canciones un poco más sinceras y más graciosas, otras en cambio son más densas. Es lo que he intentado, ha sido francamente difícil te diré (Risas).

Mencionás que tenés dos hijos. Uno de ellos te hizo los coros en la canción dedicada a tu hermano, “Jorge y yo” del disco La Joven Dolores. ¿Alguno de ellos se está dedicando a la música? Si es así, supongo que con tu experiencia los aconsejás sobre esta carrera.

No. El mayor, a pesar de tocar muy bien, ha comenzado a estudiar arquitectura. Y el pequeño, que tiene 13 años, puede que tenga un espíritu más díscolo y le gusta mucho la música. Es posible que se dedique a ello. Pero no lo sé. Eso es algo que no se debe ni imponer, es algo que depende de ellos.

¿Cómo lograste compaginar tu faceta de madre y mujer con tu carrera?

Tengo la suerte de que el padre de los niños, Ray Loriga, es un escritor muy conocido. Pues hemos podido compaginar el cuidado de una manera que nos ha permitido tener a los dos una carrera. Eso es algo muy importante para poder conseguir la libertad suficiente para desarrollar tus ambiciones personales. Entonces es importante compartir los deberes de crianza. Así que yo siempre animo a todos los padres a que asuman su parte de la crianza, porque al final te queda una satisfacción, una recompensa muy grande con el tiempo. Aunque de pequeños los niños sean un sacrificio.

Leí Héroes y vi La pistola de mi hermano de Ray, y ahí estabas a lado del argentino Viggo Mortensen. ¿Volverías a incursionar en el cine? Sé que hace poco hiciste la canción “Caer” para la banda sonora de Rumbos, pero me refiero si es que actuarías de nuevo.

Mmm, no creo. De hecho, las dos películas que hice fue porque los directores eran muy próximos a mí y habían escrito papeles para que yo los hiciera. Así que ni siquiera tuve que hacer un casting. ¡Me encanta el cine! Pero precisamente porque lo respeto mucho, creo que la interpretación es toda una carrera en si misma a la que le debes dedicar el cien por ciento de tu pasión y de tu vida. Y la música también, creo que no puedo hacer las dos cosas simultáneamente.

¿Qué podemos esperar de vos y tus músicos en tu concierto en Buenos Aires?

Vamos a mezclar canciones del último disco con otras cuantas que se han convertido en clásicos, pero no las tocamos de la misma manera en que las grabamos. Las tocamos en versiones distintas. Es muy estimulante esto de revisar cosas que ya has hecho. También quiero estrenar alguna canción del disco nuevo, que no se han tocado todavía y empezar a rodar ya. Lo que quiero sobre todo es tocar esas canciones que creo se van a entender muy bien. Bueno, estoy deseando estar delante de ese público que he descuidado durante mucho tiempo y reiniciar esta relación.

Sé que en lugares del resto de Latinoamérica están siempre expectantes a que hagas en vivo canciones como “Pálido”, “Voy en coche”. Aunque sé que te gusta tocar siempre lo nuevo, que es lo que corresponde. ¿Cómo te sentís al estar reviviendo tus éxitos de los ’90?

Durante cierto tiempo viví un poco de espaldas a esas canciones, y las retomé porque había un requerimiento popular de que lo hiciera. Tanto en Perú, Chile y en Colombia. Eso me ha forzado a encontrarme con esas canciones otra vez y me ha gustado. Aunque son canciones que están escritas en otro momento… Momento en el que yo aún era un poco naif componiendo. Pero tienen algo muy bonito, muy refrescante. Así que me gusta tocarlas, sobre todo me gusta que esas canciones tengan un poder simbólico tan grande. Siento que ya no me pertenecen a mí. Le pertenecen a la gente y no quiero decepcionarles. Quiero encontrar la manera en que esa canción pertenezca al presente y eso es lo que he estado haciendo en la reedición de los arreglos.

Se podría decir que lo tuyo ya es Lo Nuestro. Crecimos escuchándote, influenciaste a muchos. Esto ha hecho, de un modo u otro, de que te definan de muchas formas. Desde musa del indie a artista de culto. ¿Pero cómo te definirías vos?

Generalmente me veo como una trabajadora del verso, como tantos otros. Me veo como una trabajadora ya que es algo que nunca es fácil, nunca está regalado. Hay que luchar por ello, y sigo haciéndolo como el primer día porque creo que vale la pena.

Con el paso del tiempo siempre vas mejorando, superándote. Como decías, al comienzo eras naif, pero luego de toda tu experiencia a cuestas, seguís madurando.

No queda más remedio que madurar, ¿sabés? Cuando estás en diálogo constante con la gente, con lo que ocurre. Con lo que eres capaz de entender, que antes no eras capaz de entender. Pues no queda más remedio que crecer hacia adelante. Es la única manera

(INDIEHOY / 27-10-2017)

SANTIAGO URRUTIA “LA MEJOR ENSEÑANZA ES LA DERROTA”


por Matute

Antes de cada carrera, Santiago Urrutia sube al camión, se encierra y espera allí, en su propio mundo y campana de concentración, a veces escuchando música o ni siquiera, aislado del bochinche de la pista y por fuera de la tensión previa a la largada.

Enfocado en lo suyo, jamás sintió miedo dentro de un auto. Bajo el casco, sólo piensa en la carrera y en ganar. Comprendió que para ser el más rápido debe mantenerse frío.

A los 3 años ya corría en motocross y desde que se subió a un kart a los 5, no ha abandonado las cuatro ruedas. Fue el piloto más joven en ganar una competencia en la historia del karting uruguayo y el más chico en comenzar a competir. 

Hace poco se convirtió en el primer uruguayo en ganar en un óvalo de Estados Unidos y acaba de salir subcampeón en la Indy Lights 2017, repitiendo el título de la pasada temporada 2016.

Esta entrevista se hizo en Montevideo poco antes de la partida de Santiago Urrutia para Estados Unidos, donde además de vivir y competir, ahora trata de acelerar las gestiones para así oficializar su pasaje a la Indy Car en la próxima temporada 2018, tal como “Gonchi” Rodríguez allá por 1999, cuando por primera vez un uruguayo corrió en la máxima categoría del automovilismo.

Con 21 años y múltiples conquistas a cuestas, su mayor sueño es ganar la legendaria carrera de las 500 millas de Indianápolis…

Repaso de algunas conquistas de Santiago Urrutia

2017
Subcampeón de la Indy Lights.
2016
Subcampeón de la Indy Lights, finalizando la temporada con 4 victorias.
2015
Campeón de la Fórmula Pro Mazda, cosechando 3 victorias en los autódromos de Indianapolis, Mid-Ohio, y Nueva Orleans.
Es condecorado por la Federación Internacional del Automóvil.
2013
Finaliza en cuarta posición en la Fórmula 3 europea (European F3 Open), con 2 victorias en la temporada.
2012
Termina en cuarta posición en el campeonato de la Formula Abath, con 3 victorias en la temporada.
2010
Gana el Campeonato Uruguayo de Karting 2010 en la Categoría Master y Campeón Federación en Categoría Máster.
Viaja a Europa para competir en el World Karting Championship.
2008
Campeón del Campeonato Argentino de Karting en la categoría Pre Junior y del Campeonato Apertura Metropolitano ProKart en la categoría Mini Junior
2007
Gana el Campeonato Apertura y Clausura del Metropolitano ProKart en Argentina.
2003
Campeón Latinoamericano de Motocross en la categoría para niños de 4 a 6 años.
Gana en la primera fecha de su primera carrera en karting, convirtiéndose en el piloto más joven en la historia del karting uruguayo en triunfar en una competencia
2002
Con los debidos permisos es autorizado a participar en carreras de karting, siendo el piloto más joven del karting uruguayo en empezar a competir, con 5 años.
2001
Con 4 años es el piloto más joven de la historia en ganar carreras en Tierra y Motocross del campeonato nacional, junto a niños de 6-7 años.
2000
Arranca a correr con apenas 3 años en el Campeonato Nacional de Motociclismo Velocidad en Tierra y Motocross.


¿De dónde viene ese amor por las tuercas, cómo nace esa pasión por la velocidad?

Nací en Montevideo, pero ya desde que me dieron el alta viví y me crié en Miguelete. En realidad, soy del campo, campo, un lugar entre medio de Miguelete y Ombúes de Lavalle.

Mi familia se dedica al campo, hice la escuela en Miguelete y en Ombúes arranqué el liceo hasta que me fui a vivir a Europa.

La pasión ya la tenía mi abuelo. El hecho de vivir en el interior y en el medio rural te da otras enseñanzas, aunque creo que con la pasión un poco se nace. Si bien mi familia me dio los primeros pasos, ya era algo que me gustaba. Mi familia nunca me presionó a nada, seguí esta carrera porque era lo que quería.

 ¿Tu abuelo qué hacía?

Mi abuelo nunca corrió, siempre fue un apasionado de los fierros. Tenía campo y creo que por el tema de los tractores y eso, siempre se levantaba temprano a ver la Fórmula 1, todos los domingos, nunca faltaba.

Nos regaló una motito a todos los nietos cuando tenía 3 años y ahí fue que arranqué con las carreras de motos.

¿Cuándo aprendiste a manejar entonces?

En moto a los 3. Y en camioneta, mi abuelo me sacó a manejar en medio del campo cuando tenía 6-7 años. Lo hizo con todos los nietos. A mis primos más grandes les enseñaba a dar marcha atrás, aunque lo mío era por derecha nomás, jaja.

Y enseguida te metiste en las carreras de karting…

Sí, pasé a los 5 años al kart. En un momento llegué a correr moto y kart juntos, hasta que no me daban los tiempos, así que decidí dejar la moto y me dediqué al karting. El karting es la cuna del automovilismo. Los campeones del mundo, sean de Fórmula 1 o Indy Car, arrancaron en karting. Es lo mismo que en fútbol, uno inicia en baby fútbol y va ascendiendo. Etapas que uno no se puede saltear. Si bien hay casos que empiezan directamente en los autos y son muy buenos, el karting es la base de todo piloto. Desde que arranqué a los 5 años en las cuatro ruedas, nunca más paré.

Desde niño ya sabías qué estabas para hacer, ¿cuándo decidiste meterte a fondo, dar los pasos para ser un piloto profesional?

Cuando era chico, todo era como una diversión, como algo más, nunca lo tomé en serio, si bien cada fin de semana iba a dar el 100 % y siempre fue mi prioridad. Si había un partido de fútbol, lo dejaba de lado y priorizaba siempre lo que era el karting. Comienzo a tomarlo de modo más profesional cuando me fui a vivir solo con 14 años. En 2010, luego de correr el mundial de karting, me surge la oportunidad de irme a vivir solo y correr toda la temporada de karting en 2011. O todo lo que había hecho hasta los 13 años lo tomaba, simplemente, como una experiencia de vida y me dedicaba a seguir la vida normal, jugar al fútbol e ir al liceo. O apostaba al automovilismo. Decidí apostar por el automovilismo con 14 años e irme a vivir solo.

Has dicho que te aburre manejar en Montevideo, en la calle…

No me gusta manejar en Montevideo, porque el tránsito es un quilombo y menos que menos en ruta. Depende de la situación, pero si nos vamos de vacaciones con amigos en barra, prefiero que vaya alguno de ellos manejando y yo disfrutando de ir conversando, de ir distraído, tomando mate, sacando fotos. Prefiero no manejar, pero obviamente manejo todos los días, no tengo un chófer. Cuando tengo reuniones o voy de acá para allá, no tengo otra opción y manejo.

¿Qué sensaciones atraviesan el cuerpo cuando corres al mango en esas pistas de Europa y EE.UU.?

Para mí ya es algo normal, aunque es una adrenalina que no me lo genera ninguna otra cosa. El automovilismo me produce algo tan especial que no me lo genera ningún otro deporte. Por eso es mi pasión tan grande y dedico tanto tiempo. Pero ya tengo acostumbrado el hecho de ir a más de 300 kilómetros por hora en Indianápolis, por ejemplo, es algo normal, no me da miedo ni llama la atención. Ya es algo que tengo incorporado. Y cuanto más rápido pueda ir, mejor.

¿A cuánto llegaste en velocidad, cuál ha sido tu pico acelerando?

352 kilómetros por hora, en el óvalo de Indianápolis. El límite, el auto no daba más que eso, jaj Pero el auto está preparado para ir a esa velocidad y también la pista. Es algo que ya tengo incorporado. Además, en la pista uno no se da cuenta tampoco de que está yendo a esa velocidad.

Durante una carrera, de repente vas en pista recta a fondo y llegás justamente a 300 km/h o más, pero viene la curva y en segundos bajás a 70. ¿Cómo se entrena el cuerpo para afrontar este tipo de cambios tan bruscos, ese impacto en el organismo?

Ahí lo más importante es el cuello, uno debe entrenar mucho el cuello. Porque sí, venís a 300 y pico y en una desaceleración bajás a 60-70 en una curva y todo en 100 metros. Por eso, es clave entrenar el cuello. Pero se te hace habitual. Después de tres o cuatro vueltas en la pista, uno ya se la memoriza, sabe dónde tiene que frenar y todo sale automáticamente. Al principio, hay que agarrarle los puntos a la pista, pero una vez que los conocés bien, ya automáticamente el cuerpo y la mente lo hace vuelta a vuelta.

¿Qué otros deportes o pasiones tenés, por fuera del automovilismo?

Fútbol, juego mucho al fútbol, en Miami juego 2 y en ocasiones hasta 3 veces por semana partidos de fútbol 5 en un entrevero de amigos argentinos y uruguayos. Cuando vengo a Montevideo, tengo un grupo de amigos de Ombúes, que armamos este año un cuadro para jugar en la Liga de Montevideo y jugamos. Si estoy dentro de temporada allá en Estados Unidos, cuando vengo para acá unas semanas los acompaño, aunque no juego, por las dudas de alguna lesión. Pero ahora que estoy de vacaciones, si me ponen juego. Fuera del auto, lo que hago son rutinas en el gimnasio, por más que esté de vacaciones, intento de no dejarlo. Y a veces juego al tenis. Dentro del automovilismo, el entrenamiento físico no son más de 2 horas por día. Y en un fin de semana de carrera, uno tiene que llegar por lo general un miércoles a la pista, cuando solamente corrés el domingo. En tiempo, respiro el automovilismo las 24 horas, aunque esté de vacaciones. Veo vídeos en Instagram, miro alguna carrera, acá en Uruguay voy a entrenar en kart a San José, o el otro día me invitaron a correr en Argentina, ahora hay carreras de karting en Montevideo y voy a correr. Es algo que respiro todo el día, le dedico mucho tiempo.

Si no hubieses encarado el automovilismo, ¿qué te hubiese gustado hacer?

Abogado o ingeniero agrónomo. Me hubiera gustado ser ingeniero agrónomo por mi familia y por haberme criado en el campo. Y abogado porque me gusta el poder, saber las leyes, ayudar a la gente.

Tu próxima carrera, ¿cuándo es?

Voy a correr en karting el 4 y 5 de noviembre en el Callejero, al lado del Estadio Centenario, Montevideo. La pretemporada de la Indy Car arranca en enero y el campeonato en marzo, así que para lo oficial, todavía falta.

Contame un poco sobre la preparación de cara a una carrera, el encare físico y mental…

En cuanto a lo físico, me gusta mucho entrenar en boxeo. No peleo, pero sí hago el entrenamiento de boxeo por el tema de los reflejos y porque tiene mucho aeróbico No me gusta correr, me aburre, entonces hago bicicleta, calentamiento en una cinta o prácticas del boxeo. Para el trabajo mental, se hace un poco de simulador. Por lo general, previo a cada fin de semana de carrera, una semanita antes se hacen algunas pruebas en la pista donde se va a correr. También tengo mi psicólogo de todos los años, con quien me preparaba a los 15 o 16. Hoy ya tengo una especie de escuela incorporada en el aspecto psicológico y sé qué tengo que hacer cada fin de semana, cómo prepararme. Hay momentos de crisis que uno sufre como cualquier deportista durante la temporada y en ese momento es cuando más te apoyás en el psicólogo, para buscar diferentes estrategias de concentración. Pero si va todo bastante bien como uno lo planea, lo importante siempre es estar frío.  En el automovilismo hay que ser muy frío, nunca hay que demostrar mucha felicidad, ni debilidad frente a los rivales. Eso ya lo aprendí y lo manejo bastante bien. En ese sentido, mentalmente hasta ahora no he tenido mayores problemas.

¿Hacés alguna técnica de relajación u otra actividad inmediatamente antes de la largada?

No, tampoco tengo cábalas, sí tengo como una especie de orden mental. Cada vez que me subo al auto, siempre entro con el pie derecho y después de que me ajustan los cinturones, me pongo siempre el guante derecho antes que el izquierdo. Pero no es una cábala, es simplemente algo que uso para ordenarme previo a cada carrera.

¿Sos de escuchar música antes de una carrera?

Sí, sí, escucho. Una hora antes más o menos, me encierro en el camión y quedó en mi mundo. A veces ni escucho, estoy ahí con el teléfono. Trato sí de aislarme un poco de lo externo, de no hablar con la gente ni andar caminando por ahí. Me enfoco más bien en lo mío.

¿Qué escuchás en esos momentos previos?

Un poco de todo. Previo a una carrera me gusta escuchar música en inglés, bastante tranqui o rock y esas cosas. Fuera de la carrera, escucho de todo, cumbia uruguaya, cumbia villera, reggaetón, puedo escuchar cualquier cosa.

¿Qué se siente cuando estás en el punto de largada, a punto de acelerar?

Ese es el momento de un poco más de nervios… Ya en el momento que pasa la largada, se calma todo. Siempre los minutos previos a la carrera, antes de que arranquen los motores, es el momento de mayor tensión y nervios.

Más allá del orgullo personal y el reconocimiento de la gente, ¿sentís que seguir tu meta ha sido también un sacrificio?

Creo que quien quiere seguir una carrera, sea automovilismo o cualquier otra, debe hacer su sacrificio y dejar cosas de lado. Obviamente, lo mío tiene pros y contras. El hecho de ser un deportista, uno se hace conocido, tiene que cuidar su imagen. Me gustarían hacer muchas cosas que hoy en día no puedo, pero no es que no esté contento con lo que hago. Estoy haciendo lo que siempre quise desde chiquito y lo vivo de la mejor manera. Estoy disfrutando de la vida, creo que lo principal es disfrutar. Si uno disfruta, pasa bien y le salen bien las cosas. Por eso, no me quita el sueño si, por ahí, una noche me tengo que acostar a dormir y justo hay tremenda joda entre mis amigos. No tengo ningún problema, ya lo tengo más que asumido…

¿Y más de guacho?

Y al principio, me costaba un poco. Ojo, estando de vacaciones no es que me prive de mucho. Si tengo que salir una noche salgo, como una persona normal, porque me considero una persona normal, más estando de vacaciones acá en Montevideo. Si pinta salir, salgo, sin problema. Pero no salgo todos los fines de semanas, intento cuidarme. Prefiero juntarme con algunos amigos y amigas a hacer un asado en casa y quedarme a dormir, antes que salir a una discoteca.

¿Es necesario que cuides la alimentación o …?

Sí, durante el año me cuido mucho. Estando de vacaciones, no. Si me relajo un mes, ya después tengo que volver a entrenar y a comer bien enseguida, si no engordo mucho y no puedo irme mucho de la línea, jaja. Hoy almorcé un pollito con ensalada. Tengo que evitar las gaseosas y las cosas fritas. Y lo que hago es no parar de hacer deporte, no tan intenso como cuando estoy en temporada, pero por lo menos jugando una vez al fútbol con mis amigos, o yendo al gimnasio.

¿Sentís mucho la autopresión? ¿Cómo llevás ese grado de exigencia que un deportista de tu estatura quizá tenga consigo mismo?

La presión se la pone uno mismo en querer ganar todo el tiempo. La presión de afuera nunca la siento, no me entero ni interesa. Es una autopresión de querer ganar y uno entrena, entrena y si llega el fin de semana y no salen los resultados, entonces uno piensa: Pa, qué podrá ser, me equivoqué acá o allá… La presión siempre es personal, de mejorar día a día. Y si la carrera no sale bien, igual estar tranquilo cuando te vas a dormir, de que diste el 100 % durante la semana o días de entrenamiento y que si no se dio será por algo y quizá el fin de semana que viene, se van a dar las cosas…

¿Cómo te pega la derrota?

La derrota siempre dicen que es la mejor enseñanza. Cuando uno pierde, aprende mucho más que cuando gana. Y perder, he perdido un millón de veces, estoy acostumbrado. Hay derrotas y derrotas, algunas no te duelen y otras duelen y te pegan y demorás en levantarte. Son aprendizajes y es parte del deporte. Cada fin de semana somos 16-17 pilotos corriendo y sólo uno es felíz: quien gana.  Así que uno tiene que estar acostumbrado a eso.

¿Cómo fue el recorrido para acceder a competir en la Indy Lights ?

El proceso es karting, ganar carreras y campeonatos. Eso ayuda a ir ascendiendo. O haberme comunicado con gente experiente, que me hizo dar los mejores pasos e irme a Europa desde chico. Eso me ayudó mucho, criarme en Europa, que es la cuna del automovilismo. Pero no existe una receta de cómo llegué hasta donde estoy hoy en día ni una escalera exacta para llegar a lo máximo. No es que haya que hacer esto y esto para obtener aquello. Año a año uno va definiendo su carrera deportiva y el destino te va llevando a un lugar. Mi idea era quedarme en Europa y terminé estando en Estados Unidos. Hoy en día mi idea es quedarme en Estados Unidos por muchos años corriendo en la Indy Car. Pero sin duda que para haber llegado a donde estoy ahora, hay que ser competitivo, ganar carreras y estar siempre en el ruido de las primeras posiciones cada fin de semana.

Debe ser bravo remarla y conseguir el dinero que se necesita para competir en las grandes ligas…

Y sí, somos un país chico, pero donde no me puedo quejar. En base al país que tenemos, cuento con un gran apoyo estatal y privado, de empresas y de la gente. Sobre todo, el apoyo de la gente, creo que ningún piloto hoy en día en el nivel que estoy yo lo tiene. Los seguidores que tengo son muchos y eso sirve muchísimo, porque me hace bien a mí, sirve dentro de Estados Unidos contar con ese aliento… La guita, sí…  Es un tema que a final de temporada se habla, tengo que venir a Uruguay por reuniones, a juntar el presupuesto para el año siguiente. Es parte del automovilismo y ya lo vivo desde hace bastante, ya estoy acostumbrado.

¿Cuál es tu circuito favorito y por qué?

Mid-Ohio, porque de 3 años que estoy corriendo en Estados Unidos, voy 6 carreras y mi peor resultado ha sido tercero. Es una de mis pistas favoritas. Espero que si llego a firmar para la Indy Car también me vaya bien y pueda meter un podio ahí el año que viene.

Tu primera victoria de la temporada fue ahí, en Mid-Ohio, donde subiste a lo alto del podio. Ganar así y ahí, de primera, arrancar impecable, ¿cómo se siente, eso te embala, o siempre lográs mantenerte cauteloso?

Personalmente, me potencia, me levanta bastante. Pero en el automovilismo, como dije, personalmente considero que uno no puede mostrar mucha felicidad, ni tristeza o bajón cuando pierde. El que es frío en el automovilismo hace la diferencia. Si ves los grandes campeones, la mayoría son todos fríos, esa es una de las claves para triunfar.

¿Cómo es el ambiente del automovilismo? ¿Son amigos con algunos de los rivales, o mejor cada uno en su cabina?

No tengo ningún amigo dentro del automovilismo, ni uruguayo ni nada, nadie a quien considere amigo de verdad y le tenga confianza. Menos que menos dentro de Estados Unidos. Sí con mi ingeniero, una persona muy honesta y tengo excelente relación con su familia. Pero no me interesa ir un fin de semana de carrera para tener confianza o armar amistades. Voy, simplemente, a ganar carreras…

En la tuya…

Lo mío, exactamente y listo. Es lo único que me importa.

¿En algún momento barajaste la posibilidad de dejar de correr?

Sí, el año pasado, cuando perdí el campeonato y me hicieron esa trampa… Analicé dejar de correr. Y en 2014, cuando fue mi peor año en Europa, tampoco tenía muchas ganas de seguir, aunque siempre encontré una motivación para seguir corriendo. Nunca dije: Listo, no corro más.  Ni me quedé sentado en el sillón de mi casa sin intentar nada. Pensé en dejarlo, pero seguía haciendo algo como para seguir corriendo. Siempre reaparecía una motivación para poder seguir.

En 2015 ganaste en la fórmula Pro Mazda, en el circuito de Laguna Seca, California, el Gran Prix de Monterrey, donde corrió y falleció Gonzalo Rodríguez. 
¿Cómo hace un piloto para mantener la cabeza fría, sin miedo a los accidentes?

Al principio, ese día fue raro. Cuando caminaba por la pista y me encontré con esa curva, me llamó la atención, con todo lo vivido… Ahí habían un par de sentimientos encontrados. En el momento que la encaré en el auto y con el casco puesto, ni pensé en “Gonchi”. Pensaba en la carrera, pensaba en ganar. Y cuando gané el campeonato, parar ahí en la curva, donde justo había un montón de uruguayos apoyando y yo venía con una bandera uruguaya, poner el auto al corte, festejar ahí en la curva del “Gonchi”, eso sí fue muy emotivo. Creo que “Gonchi” estuvo ese día con nosotros, acelerando, con la mejor garra desde allá arriba. Pero no podía enfrentar la carrera con miedo, porque era algo que me iba a jugar en contra. Lo enfrenté como si fuera una cuerva normal, desde un principio en el auto.  Y terminó siendo una curva normal y una pista que me dio un campeonato muy importante dentro de mi carrera deportiva.

Jamás sentiste miedo a la velocidad.

Nunca. Nunca sentí miedo, jamás. No se puede sentir miedo en el automovilismo. Sí sentí miedo a veces, si por ahí no conseguía el presupuesto, por no poder correr más.
Pero dentro de la pista nunca.

Saliste sub campeón en la última carrera de la Indy Lights, en el autódromo Watkins Glen, bajo lluvia. ¿Cómo es correr con el clima en contra?

Durante la lluvia un piloto tiene que encontrar el rumbo. Sin dudas que el auto tiene que ayudar, pero es el piloto quien tiene que encontrarlo. Las últimas veces que he corrido con lluvia, me ha ido muy bien. Cuando llegué a la Pro Mazda, corrimos una carrera bajo agua y la gané. En 2016 hubo otra bajo agua y la gané también. Y este año, en Argentina me invitaron a correr, nos tocó con lluvia y salimos terceros (en la carrera “200 km de Buenos Aires” del Super TC 2000, junto al piloto mendocino Berni Llaver). Correr con lluvia es una condición que me gusta. Es un factor muy difícil, a veces llueve mucho y otras poco, pero se hace siempre entretenido.

En agosto de este 2017 conquistaste un triunfo histórico, siendo el primer uruguayo en ganar en un óvalo de Estados Unidos. ¿Qué otros triunfos como piloto recordás con especial alegría?

Mi primer triunfo en Europa en 2012, el campeonato argentino de karting en 2008 y el campeonato de Pro Mazda en 2015. Son las victorias que más me marcaron. No sé bien por qué, pero el que más me marcó fue ese campeonato argentino de karting en 2008. Fue un torneo muy especial, muy luchado y difícil. Gané muchos campeonatos en Argentina, pero ese me quedó. Soy el único piloto extranjero en la historia de los campeonatos argentinos en haber ganado, el resto son todos argentinos. Tuvo algo especial, fue un campeonato que lo corrí bien, no cometí errores.

Al culminar segundo en la última carrera de la temporada de IndyLights, cerraste 2017 del mismo modo que el año pasado, siendo subcampeón de la categoría. ¿Año redondo?

Redondo hubiese sido ganar el campeonato. Penalicé muchísimo con los problemas de motor que tuve a principio de año. Pero así es el automovilismo. Son fierros, a veces se pueden romper, son cosas que pasan, y bueno, no se dio de ganar el campeonato, pero igualmente fue una gran temporada y ratifiqué lo que hice el año pasado.

¿Qué tan cerca estás de correr en la Indy Car en la próxima temporada, qué falta?

Ahora tengo que volver para Estados Unidos… Y estoy cerca, como al mismo momento estoy lejos. Porque lo único importante es ponerle la firma al contrato. En el momento en que firme estaré confirmado 100 %. Más o menos de palabra está todo arreglado, pero hasta que no lo tenga firmado no voy a poder decir nada. Los términos de negociaciones para la Indy Car, donde se encuentran los más grandes del automovilismo en Estados Unidos, llevan su tiempo, hay abogados, contadores, no es solamente un contrato de dos o tres hojas, sino que muchas cosas que uno debe tener cuidado. Estamos haciendo todo para firmar lo antes posible.

Además de soñar con competir en la Indy Car y ser el más rápido del mundo, ¿con qué más soñás? ¿Qué otros planes tenés?

Llegar a la Indy Car, ganar las 500 millas de Indianapolis, ganar el campeonato de la Indy Car, correr por muchos años ahí, quedarme a vivir en Estados Unidos y venirme de vacaciones a Uruguay. Y después se verá, qué depara el futuro.

PING PONG con Santiago Urrutia

¿Algunos de los mejores vehículos que hayas manejado?

BMW M4.

¿Qué autos te encantaría manejar?

Si hoy o mañana tengo la posibilidad y me tuviera que dar un gusto en un auto, sería un Ferrari.

Algún lugar en Uruguay donde te gustaría vivir.

Campo y Miguelete. Y me gustaría tener un apartamento en Montevideo.

Una experiencia salvaje que hayas vivido dentro o fuera de un auto.

Salvajes tengo muchas, como de chico cuando tirábamos bombitas de agua y nos perseguía la policía en el pueblo. Y otras en Estados Unidos o Europa, sobre todo por haber vivido solo. Desde que me fui a los 14 siempre viví solo. En 2014 mi madre vivió conmigo 4 meses, pero después siempre solo, nunca acompañado de nadie, entonces uno va aprendiendo y se va criando a los “pechasos”.

¿Tenés vínculo con algunos otros deportistas uruguayos?

Con Gastón “Tonga” Reyno, Pablito Cuevas y también con varios futbolistas. A quien más conozco y es como un hermano es el “Tonga”, que vive en Estados Unidos y nos apoyamos, voy a sus peleas y él viene a mis carreras.

Tony Kanaan…

Un fenómeno, lo conozco, vive en Miami, nos hemos cruzado un montón de veces en la pista. Ya está en las últimas etapas de su carrera, pero es un piloto con experiencia y talento, a quien le tengo mucho respeto. Ganó la carrera más importante del mundo, las 500 millas, ganó el campeonato de la Indy Car.

Berni Llaver…

Compartimos ahora la carrera de los 200 kilómetros de Buenos Aires, un excelente piloto y una gran persona que con mucho sacrificio llegó hasta donde está hoy en día y creo que tiene un gran futuro dentro del automovilismo argentino.

“Gonchi” Rodríguez…

En Uruguay “Gonchi” va a ser siempre “Gonchi” y el número 1. Quienes arranquen en el karting, el “Gonchi” será su referente. Y ellos van a ser comparados con “Gonchi”, yo siempre seré comparado con “Gonchi”, así llegue a la Indy Car y corra 10 años o 20 y gane carreras y campeonatos, “Gonchi” estará siempre en el escalón de más arriba, porque siempre va a ser el número 1.

Ayrton Senna…

El número 1 del automovilismo, está en la historia y nadie lo va a mover, por más que venga un Schumacher, que ganó 7 campeonatos del mundo, es un fenómeno y todo, o como Hamilton hoy en día, que ganó 4, pero Senna será siempre Senna.

(Salvaje / 3-10-2017)
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